Título de la entrada más abajo


Siguiendo la linea argumental y definitoria de este blog, que como todo el mundo sabe, es un blog de una tienda online de juguetes llamada Castillos en el Aire, intentaré clarificar con hechos objetivos y cuantificables cuales son los rasgos caracteristicos que diferencian esta tienda y sus productos de los rasgos de la competencia, a la vez que explicaré cuales son las razones que separan este blog, aparte de la necesidad perentoria de no utilizar el punto gramatical, ni el punto y aparte y muchas veces los acentos, del resto de blog de tiendas de juguetes. Una vez definida la estructura de este blog y por ende, de esta entrada, hablemos de Amsterdam que es muy bonica.

9 cosas que hice por primera vez en Amsterdam.

Este fin de semana una mujer gorda, fea y de muy mal caracter, casi prometía que tarde o temprano volvería a Amsterdam. Eso me recordó una conversación con mi chica sobre todas las cosas que hicimos por primera vez en esa ciudad. No, no estoy hablando de sexo, o si, pero no lo voy a contar aquí, guarrillas. En esta casa bancamos mucho por Amsterdam. Yo la tengo entre las 4 ciudades donde me iría mañana mismo, con NY(¿Quién no quiere vivir en la capital del mundo?), París, donde debería haber nacido y Roma, amor a primera vista.

1. Dormir en un albergue orgulloso de su polvo.

Tan orgullosos que con la información del albergue te daban una bolsita con polvo. polvo de las habitaciones. Con sus pelusillas. De verdad. Por lo visto era una manera de reafirmar lo natural y que todo muy limpio era contraproducente para el organismo. A mi me parecio una manera maravillosa de unir el estilo de vida de las democracias nordicas con el vuelva usted mañana de las democracias sureñas. Les presento a Hans Brinker Budget, el albergue con las mejores campañas publicitarias del mundo.

Hans Brinker 1

5.1.2Pinchar aquí y rendirles pleitesía.

2. Comer en un turco con turcos.

Hombretones altos, anchos, con montachones dignos de cualquier hipster malasañero y un cabello maravillosamente brillante, cosas de la grasa del lugar, supongo. No recuerdo nada más aparte de que estaba todo muy rico.

3. Odiar las bicis.

Estamos en el siglo XXI hijos mios, hemos inventado medios de locomoción más eficientes, de verdad, y con un gasto energetico propio +/- 0. En Amsterdam las bicis son el demoño, están en todas partes, salen por cualquier lado, nadie de fuera entiende cuando tienen prioridad, cuando no, o si alguna vez la tienen las personas normales, los que vamos andando si hacer daño a nadie. Si alguien cree que una ciudad con más ciclistas seria una ciudad con más educación, es que no ha estado en Amsterdam. No te gusta los pitidos de los coches? Espera a encontrarte con el clinclinclinclinclin de los cojones cuando entorpezcas el paso de un todopoderoso Dios a dos ruedas con el pantalón metido dentro de los calcetines.

*Inciso de mi chica. Dice que no es odiar a las bicis así como así, que es más la tensión de mirar por donde vienen los coches, por donde las bicis, los tranvias o algún transeúnte despistado. No hay suficientes ojos y el del culo en vacaciones lleva tapón, por si acaso.

4. Comer en un chino de chinos.

Totalmente surrealista. En el centro de la ciudad, cenando en un chino, con camareros chinos, clientes chinos y cartas solamente en chino, eso si, venían fotos. El momento cumbre fue cuando nos trajeron arroz dentro de una hoja de loto, o de parra o de lechuga, yo que se, y sin saber muy bien que hacer con eso, le preguntamos al camarero, con mimica claro está, si la hoja se comía. Todavía veo al camarero con la ceja levantada y oigo las risas desde la cocina. Un momento de esos para contar a los nietos.

5. No pisar el Barrio Rojo.

Creo que somos los primeros y únicos turistas en la historia en no visitar El Barrio Rojo. Tampoco nos fumamos un porro. Nos deberían dar un premio o algo. Creo que fué justo despues de volver cuando plantamos en la terraza de casa cannavis sativa. Porque es bonita, para nada más.

6. Un señor me tocó los testículos sin ser urólogo.

Y el culo, las axilas, la espalda, las piernas, el pecho, los pies, lo que había dentro de mis botas, mis bolsillos, el cuello de mi camisa… Efectivamente, tuve la suerte de participar en un cacheo exahustivo en el aeropuerto de Schiphol. Yo, el único humano junto a mi chica que no había pisado el Barrio Rojo ni fumado un porro.

7. Visitar un museo del Holocausto.

Imprescindible si vas a estar más de 2 días, porque medio día te lo va a joder seguro.

8. Ver a la gente quitarse los mocos en el sofá de su casa.

O ver la tele, preparar la cena, leer un libro, rascarse el culo… Esa manías de protestantes, luteranos y demas herejes norteños de no poner unas catolicas cortinas o persianas. ¿Qué diran las madres holandesas cuando van casa de la hija en vez de “Ahí faltan unas cortinas”? Ahora, lo bueno es que aprendes paseando qué es el diseño y estilo decorativo holandés. Qué es tener buen gusto, así, en general. Sus ventanales, sus espacios abiertos y luminosos. Un asco.

9. Comer un perrito como el de las pelis.

Sabéis cual, no? El de “Johnny, chaval, ponme un perrito completo para mi y otro sin mostaza para mi colega. Los perritos de Chicago son lo puto mejor, johnny “. Pues eso mismo, pero en la puerta del museo Van Gogh. Su puestecito en la calle, su cebolla frita, sus salsas. Todo muy americano, pero en aséptico.

No quiero olvdarme de nuestro pato de Amsterdam. Si, tuvimos un pato negro que siempre estaba en el canal por el cual pasabamos. Estáis pensado que sería otro pato, pues no, era el mismo. Mancha en costado derecho y nadar errático. Repito que no fumamos nada y las unicas setas que comimos eran shitaki.

Pato, te echamos de menos, queremos ir a verte.

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